A favor de la ayuda en efectivo

Todas las personas que se muestran en esta ilustración participaron en programas de asistencia en efectivo realizados por el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja: en Kenia tras la sequía en 2014; en Nepal tras el terremoto de abril de 2015 y en Myanmar después de la inundación en 2015. Ilustración: Michelle Thompson. Fotografía, de izquierda a derecha: Poul Henning Nielsen/Cruz Roja Danesa; Carlo Heathcote/Federación Internacional; Poul Henning Nielsen/Cruz Roja Danesa

A favor de la ayuda en efectivo

En muchos casos, el mero hecho de dar dinero, en lugar de víveres solamente, es tal vez la manera más eficaz de activar el poder de compra que la gente necesita para dirigir su propia recuperación.

En abril de 2016, el mundo de Salvador Muñoz, de 50 años, dio un vuelco tras el terremoto de 7,8 grados en la escala de Richter que afectó a la costa de Ecuador. El sismo dejó a su familia sin hogar y su sastrería instalada en una parte de la casa quedó totalmente en ruinas.

Pero lo que el desastre no logró destruir fue su espíritu empresarial, algo que según dice adquirió cuando era niño. Con una donación de dinero en efectivo de la Cruz Roja Ecuatoriana, construyó una tienda utilizando lonas impermeables y bastones, donde vende por la noche comida para llevar. Muñoz también logró instalar una de sus máquinas de coser para reparar las prendas de vestir de sus vecinos.

Con su negocio nuevamente en marcha Muñoz se siente optimista. “El sufrimiento ha quedado atrás; ahora es el momento de ponernos de pie, alzar la cabeza y recuperar lo que el terremoto nos llevó”, afirma.

Los que están a favor de los programas de transferencia de efectivo dicen que el hecho de aportar dinero de manera planificada puede tener exactamente ese resultado: dar autonomía a los beneficiarios para que atiendan a sus necesidades de la manera más eficiente y digna posible.

A medida que la comunidad comenzó a recuperarse tras el desastre, la Cruz Roja empezó a prestar apoyo económico a fin de reactivar los medios de subsistencia de las familias y estimular la economía local. Cada familia recibió una tarjeta de débito con 200 dólares para cubrir las necesidades básicas inmediatas, cuenta Sonia Cárdenas, referente de medios de vida de la Cruz Roja Ecuatoriana. A fines de septiembre, la iniciativa de transferencias monetarias, implementada en coordinación con la Federación Internacional, había beneficiado a unas 2.000 familias de ocho comunidades.

Sin embargo, la donación monetaria fue solo un aspecto de la respuesta. La Cruz Roja Ecuatoriana intervino inmediatamente después del terremoto rescatando a la gente de entre los escombros, apoyando a otras organizaciones de rescate, entregando alimentos, agua y mantas, ayudando a instalar los sistemas de agua y saneamiento y dando charlas sobre salud y organización de la comunidad.

Entre las diversas respuestas de emergencia, las transferencias monetarias desempeñarán un papel importante. La donación de dinero en efectivo se hace de diversas formas: billetes, pagos electrónicos incondicionales e incluso cupones para determinados artículos, y es una forma cada vez más común de ayudar a las personas en situaciones de crisis.

De Ecuador a Myanmar, de Nepal a Somalia o de Vietnam a Canadá, las transferencias de efectivo forman ahora parte integrante de las operaciones de ayuda del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Desde 2010, más de la mitad de los llamamientos de emergencia de la Federación Internacional ha comprendido la donación de dinero en efectivo entre los elementos de respuesta y, en los primeros ocho meses de 2016, el 85% incluía algún tipo de transferencia monetaria.

Sin embargo, las donaciones en efectivo no son ninguna novedad. Durante la guerra franco-prusiana de 1870-1871 y en numerosas ocasiones desde entonces, los voluntarios de la Cruz Roja proporcionaron dinero en efectivo. En general, entre las organizaciones humanitarias se reconoce que el tsunami del Océano Índico de 2004 fue un punto de inflexión con respecto a las donaciones de dinero como un medio de ayuda y numerosas organizaciones emprendieron programas piloto de ayuda en efectivo en la zona como una alternativa de la ayuda en especie.

Lo nuevo es el volumen y la escala de los programas de transferencia de efectivo. A pesar de que estos programas representan solo el 6% del dinero que se gasta en la distribución de ayuda en todo el mundo, según el Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI), la práctica se ha generalizado y casi todos los principales organismos de ayuda ofrecen alguna forma de dinero en efectivo en su respuesta a grandes emergencias.

Nick Jones

Periodista y redactor independiente radicado en Tokio.

Ayudar con dignidad

¿Por qué hay hoy tanto interés por la ayuda en efectivo? “La población urbana ha aumentado y estamos respondiendo cada vez más a desastres que ocurren en las zonas urbanas, por lo tanto el dinero en efectivo es una forma de ayuda cada vez más viable al permitir a las personas tener acceso más fácilmente a los mercados y los sistemas necesarios para sostener las transferencias monetarias”, asegura Claire Durham, responsable principal de programas de transferencias de efectivo.

Incluso en las zonas rurales, la tecnología contribuye sin duda a facilitar los programas de ayuda en efectivo gracias a que los teléfonos móviles se están usando más, por ejemplo, para pagar facturas, verificar cuentas bancarias o comprar productos en las tiendas locales, añade.

Con los conflictos prolongados y otras crisis que tienen consecuencias a largo plazo, las organizaciones humanitarias han tenido que buscar formas más creativas de ayudar a las personas a rehacer o crear medios de subsistencia, al mismo tiempo que prestan asistencia para activar los mercados locales, en lugar de competir con ellos. Es un aspecto esencial de la recuperación y la estabilidad a largo plazo.

Paralelamente, en el mundo del socorro ha cobrado un impulso creciente el afán de hallar soluciones que den más opciones y poder a los beneficiarios. De hecho, un grupo de alto nivel en la reciente Cumbre Humanitaria Mundial, celebrada en Estambul en mayo de 2016, sostuvo que era conveniente utilizar más a menudo la ayuda en efectivo en situaciones de emergencia.

Los expertos se muestran cada vez más a favor de las donaciones en efectivo como las que se concedieron en Ecuador que eran “incondicionales”, es decir que son los destinatarios los que deciden lo que necesitan comprar en los mercados locales. Con estas donaciones incondicionales, las organizaciones humanitarias a menudo hacen recomendaciones, pero en última instancia son los destinatarios los que toman la decisión.

Teniendo en cuenta las diversas necesidades que genera una crisis, las organizaciones humanitarias se han percatado de que las donaciones en efectivo con pocas restricciones o sin ellas permiten a las personas satisfacer mejor toda una serie de necesidades que las donaciones con fines específicos (que se han de utilizar solo para comprar alimentos a determinados vendedores, por ejemplo) o la distribución masiva de artículos idénticos.

Es una cuestión de poder elegir y también de dignidad. “Cuando das dinero estás dando la posibilidad de elegir; las personas pueden decidir lo que necesitan “, dice Geraud Devred, especialista en donaciones en efectivo y mercado para el CICR en Nairobi, capital de Kenia. “Es una postura menos paternalista que la de distribuir bienes”.

Otra forma de pensar

La ayuda en efectivo se percibe también de otra forma. Antes se la consideraba con escepticismo pues podía prestarse más al abuso que los bienes materiales. Hoy algunos sostienen que la distribución de dinero en efectivo es un medio más eficiente y transparente para brindar ayuda en los casos en que los mercados locales pueden suministrar productos de primera necesidad.

En su informe de 2015 sobre las transferencias de efectivo, el ODI y el Centro para el Desarrollo Global destacaron más de 200 evaluaciones y estudios detallados y concluyeron que “en muchos contextos se ha probado que las donaciones en efectivo son la manera más conveniente de ayudar a las personas y estimular los mercados”.

Según el estudio, “la preocupación obvia respecto del dinero en efectivo —de que podría provocar una inflación de los productos esenciales en los mercados locales, prestarse más fácilmente a los abusos y la corrupción o desviación… o que fuera más probable que lo controlaran los hombres poniendo en desventaja a las mujeres— no se ve confirmada por la realidad”.

El grupo de expertos, reunido para elaborar un informe, no negó que el uso indebido de las donaciones incondicionales sea una preocupación, pero tampoco se presta necesariamente a más corrupción que la asistencia material o en especie. Para respaldar esta opinión, el informe cita ejemplos en los que los receptores de ayuda vendieron los bienes que se les había donado para comprar otras cosas que necesitaban más. Por otro lado, según el informe, ciertos tipos de transferencias monetarias (tales como las transferencias digitales por teléfono móvil) ofrecen mejores medios para supervisar y evaluar la composición del gasto que la ayuda tradicional en especie.

“Los donantes y las organizaciones humanitarias deberían considerar las transferencias monetarias la mejor respuesta ante las crisis”, concluye el grupo de expertos de la ODI. En lugar de buscar las razones para no utilizar la ayuda en efectivo, el informe propone preguntarse primero por qué no utilizar el dinero en efectivo.

Dicho esto, la ayuda en efectivo no conviene a todas las situaciones. En las directrices para las intervenciones basadas en transferencias monetarias en Somalia, la organización Horn Relief (llamada hoy African
Development Solutions) enumera algunas de las condiciones en las que estas intervenciones no son apropiadas, por ejemplo: cuando la perturbación del mercado local es grave y se requieren bienes de emergencia más rápidamente de lo que los mercados locales pueden suministrar; cuando existe un alto riesgo de inflación (debido al número reducido de bienes o la falta de comerciantes en el mercado); cuando las donaciones en efectivo ponen a los receptores en situación de vulnerabilidad y pueden ser objeto de ataque o robo.

Rara vez se dan solamente donaciones en efectivo. En los años siguientes al tifón Haiyan en 2013, por ejemplo, la Cruz Roja de Filipinas y el CICR facilitaron donaciones en efectivo (y materiales para la construcción de alojamientos temporales) para ayudar a la gente a recuperar medios de vida como la producción de arroz, que genera ingresos y a la vez da tranquilidad respecto a la alimentación. Fotografía: Jez Aznar/CICR

“No hay vuelta atrás”

Sin embargo, incluso en lugares donde hay mucha inseguridad, la ayuda en efectivo ofrece algunas ventajas. Las transferencias de dinero por vía digital, por ejemplo, permiten que los destinatarios sigan recibiendo dinero sin tener que volver a un lugar determinado. Se reduce así el riesgo de verse expuesto a un peligro en el momento de recibir la ayuda. Esta forma de distribución de efectivo también elimina los riesgos y costos asociados con la importación, el transporte y la entrega de suministros en especie en zonas inseguras.

Martin Kenny, especialista en donaciones en efectivo y mercado en la delegación del CICR en Nairobi, dice que el CICR ofrece tres tipos de programas de transferencia monetaria en Somalia: donaciones en efectivo incondicionales para apoyar a las personas en las etapas iniciales tras un evento crítico; donaciones en efectivo sujetas a determinadas condiciones para ayudar a las personas a establecerse, volver a poner en marcha o ampliar un negocio; y dinero en efectivo a cambio de trabajo, con el objetivo de rehabilitar infraestructura como los canales de riego y de captación de agua de lluvia.

“Estos proyectos tienen un efecto a largo plazo”, precisa Kenny. “Al rehabilitar un canal, se permite que más agricultores cultiven más alimentos, ya sea para la venta o para el consumo personal, lo que puede llevar a incrementar su capacidad de sustento”.

El CICR, aunque no puede enviar a sus colaboradores a ciertas zonas de Somalia, puede seguir apoyando a las personas necesitadas a través de las transferencias monetarias electrónicas que utilizan la red de telefonía móvil del país. “Incluso en las zonas más aisladas, la economía de mercado tiene cierto grado de funcionamiento, lo que nos animó a probar las transferencias en efectivo”, añade Kenny.

Otra ventaja que puede presentar el dinero en efectivo es la rapidez. Tras los devastadores incendios forestales ocurridos en la provincia canadiense de Alberta a principios de este año, la Cruz Roja Canadiense trabajó conjuntamente con el Royal Bank of Canada a fin de crear rápidamente una plataforma digital para las transferencias monetarias. Apenas una semana después de que los incendios obligaran a toda la población de Fort McMurray a huir de sus casas, la Cruz Roja Canadiense distribuyó 50 millones de dólares canadienses a miles de evacuados por medio de los teléfonos móviles.

“Para la Cruz Roja Canadiense, no hay vuelta atrás”, dice Jean-Philippe Tizi, vicepresidente del equipo de gestión de desastres de la Sociedad Nacional. “Esta asistencia digital es nueva y muy eficaz, y en caso de emergencia es imprescindible”.

La ayuda en efectivo se consideró muy práctica porque las víctimas de los incendios que habían perdido sus hogares o puestos de trabajo se encontraban dispersas en diferentes ciudades y fue una forma más flexible para dar a cada una la asistencia que le hacía falta.

Sin embargo, no se trata simplemente de sustituir las donaciones en especie por dinero en efectivo. Pocos días después del desastre, la Cruz Roja Canadiense también ofreció otros servicios como distribuir mantas, suministrar alojamiento y prestar apoyo psicológico.

“El sufrimiento ha quedado atrás; ahora es el momento de ponernos de pie, alzar la cabeza y recuperar lo que el terremoto nos llevó”.

Salvador Muñoz, sobreviviente del terremoto de abril de 2016 en Ecuador

¿Qué opinan los beneficiarios?

“La asistencia en efectivo me permitió abrir un negocio de curtimbre. Compro cueros de vaca en el mercado, que corto y revendo. Con las ganancias obtenidas, pago los estudios de mis hijos, que es lo más importante”.

Lo que comentó este beneficiario de la República Democrática del Congo coincide con las conclusiones generales de un estudio de 2015, publicado conjuntamente por la Federación Internacional y la Cash Learning Partnership, sobre la opinión de los beneficiarios respecto de las transferencias en efectivo incondicionales.

Se pidió a un total de 111 participantes de la República Democrática del Congo, Filipinas y Nepal que dieran su opinión respecto de las donaciones. En general, coincidieron en que la asistencia recibida en efectivo les brindó la posibilidad de elegir y reforzó el respeto por la dignidad de los beneficiarios, dándoles al mismo tiempo flexibilidad para satisfacer desde las necesidades más básicas, como son los alimentos y artículos domésticos, hasta la educación de los hijos o la reparación de sus viviendas.

La mayoría de los beneficiarios en la República Democrática del Congo también dijo que el dinero les había permitido tomar decisiones sobre la mejor manera de restablecer sus medios de vida. A diferencia de la formación profesional o de los cupones para productos específicos, el dinero en efectivo brinda a los beneficiarios la posibilidad de decidir sobre su propio destino económico.

Gracias a la asistencia en efectivo, los beneficiarios también pudieron volver a participar en compromisos sociales, como contraer deudas o realizar inversiones conjuntas, aspecto importante de la cultura en los tres países estudiados. Pese a las innumerables dificultades y perturbaciones, los beneficiarios se sienten respetados y autónomos al poder contribuir y tomar decisiones conjuntas.

Varios hombres y mujeres opinaron que el dinero en efectivo les ayudó a acabar con el sentimiento de humillación y les devolvió la independencia.

No obstante, algunos añadieron que el dinero distribuido no fue suficiente para satisfacer plenamente las numerosas necesidades, tales como pagar la matrícula escolar, cubrir las deudas o construir una vivienda permanente. Uno de los beneficiarios comentó que la ayuda recibida fue “un empujón en la dirección correcta” y otros dijeron que el dinero había contribuido a proporcionar una estabilidad temporal, pero que no alcanzaba para lograr una recuperación a largo plazo.

Según se observa en el informe, una de las mayores tareas que hay por delante es hacer plenamente realidad la promesa de la asistencia en efectivo, es decir dar a los receptores la posibilidad de determinar la cuantía y definir el calendario y el tipo de ayuda que se precisa. Se necesita una renovación sistémica más profunda para implantar estructuras y prácticas que permitan llevar efectivamente a los beneficiarios en las situaciones de emergencia humanitaria a decidir sobre la planificación, el despliegue y la aplicación de la asistencia que reciben.

En el marco de la fase de recuperación después del tifón Haiyan, un equipo de la Cruz Roja de Filipinas y la Federación Internacional efectúa el registro de los miembros de la comunidad que recibirán las donaciones en efectivo incondicionales. Fotografía: Patrick Fuller/Federación Internacional

Comprender los mercados

En cada caso de emergencia es importante hallar el equilibrio adecuado de la asistencia que se ha de prestar en función de las necesidades y de lo que está ocurriendo en los mercados locales. Por eso, es fundamental que las organizaciones humanitarias no solo entiendan las necesidades que tiene la población, sino también las consecuencias que la ayuda tiene en los mercados locales.

Los trabajadores humanitarios saben desde hace tiempo que la importación masiva de bienes en los países que atraviesan una crisis puede tener efectos negativos. No obstante, es el uso cada vez mayor de la ayuda en efectivo lo que ha despertado en el ámbito humanitario la conciencia sobre la dinámica del mercado. “No cabe duda de que la ayuda en efectivo ha contribuido a generar esta reflexión sobre los mercados”, señala Claire Holman, responsable de programas de donaciones en efectivo del Departamento de Prevención de Desastres y Crisis, Intervención y Recuperación de la Federación Internacional. “Es un avance muy positivo”.

“El mercado es clave para saber cuál es la intervención más indicada”.

Geraud Devred, especialista en donaciones en efectivo y mercado para el CICR en Nairobi (Kenia).

Nuevas herramientas de análisis rápido

Pero, ¿cómo analizan los trabajadores humanitarios los mercados tras una situación de emergencia cuando hay poco tiempo? Para responder a esta pregunta, el CICR, la Federación Internacional, la Cruz Roja Americana y la Cruz Roja Británica elaboraron conjuntamente herramientas para que el personal pueda evaluar rápidamente los mercados locales después de una catástrofe y decidir si han de intervenir aportando una ayuda en efectivo, en especie o una combinación de las dos.

La guía sobre la evaluación rápida de los mercados y las directrices para evaluación rápida de mercado, publicadas en 2014, tienen por objeto permitir a los equipos de evaluación en casos de emergencia integrar el análisis de los mercados en una evaluación inicial de la situación a fin de garantizar que la asistencia, sea cual sea su forma, estimule y active la economía, y no cause un aumento de los precios o sofoque la recuperación de los mercados y el crecimiento. “El mercado es clave para saber cuál es la intervención más indicada”, asegura Devred.

Estas evaluaciones se basan en visitas a los mercados locales, conversaciones individuales o en grupo con comerciantes y proveedores clave, análisis de datos procedentes de fuentes estatales o de grupos de comercio cuando están disponibles, así como en entrevistas con los posibles receptores de ayuda.

El objetivo básico es determinar en qué medida una situación perturba el acceso de la población a productos de primera necesidad y establecer formas para ayudar a la gente a conseguir esos bienes. Según las directrices antes mencionadas, se trata también de apoyar los mercados locales y el trabajo en las instituciones formales e informales atendiendo a reglas y normas que rigen esas interacciones.

Para comprender básicamente estas variables, las directrices proponen una lista de preguntas: ¿Cuáles son los principales productos que necesita la población? ¿Dónde se pueden comprar y cuánto cuestan? ¿Hay competencia en el mercado o algunos proveedores controlan los precios colectivamente? ¿Cuál es la situación del mercado laboral? ¿Cómo obtienen las familias la mayor parte de sus ingresos y cómo ha afectado la crisis a los medios de vida? ¿Cuáles son los precios de estas materias primas desde el punto de producción hasta la distribución y la venta al por menor?

“Primero, tratamos de entender el funcionamiento del mercado [local], así como la situación de seguridad que puede influir en el acceso de la población a los mercados”, precisa Jules Amoti, jefe del sector de programas de asistencia en efectivo de la Unidad de Seguridad Económica del CICR en Ginebra. “Tratamos de conocer también el flujo de materias primas, la capacidad económica de la gente para comprar estos productos, los mecanismos de transferencia monetaria disponibles en el mercado y todos los factores sociales en torno a la utilización del dinero en efectivo en la comunidad”.

Si bien la evaluación rápida podría proporcionar suficientes datos básicos para orientar intervenciones de cuatro a seis semanas, se recomienda que se haga un seguimiento pues los precios y volúmenes van cambiando con el tiempo. De este modo, los equipos de intervención pueden adecuar su acción, ya sea en especie o en efectivo, según vaya evolucionando la situación.

“Para la Cruz Roja Canadiense, no hay vuelta atrás. Esta asistencia digital es nueva y muy eficaz, y en caso de emergencia es imprescindible”.

Jean-Philippe Tizi del equipo de gestión de desastres de la Cruz Roja Canadiense

 

Los retos futuros

Idealmente, los que intervienen ante cualquier evento o crisis ya habrán recopilado datos sobre los mercados en el marco de las actividades de preparación para desastres o las operaciones de socorro a largo plazo en las crisis prolongadas. Una de las tareas más difíciles que tiene hoy el Movimiento es reforzar la capacidad para evaluar los mercados y, cuando se considere apropiado, aportar rápidamente una respuesta por medio de transferencias monetarias.

Muchas Sociedades Nacionales, por ejemplo, aún no han puesto las piezas en su lugar —acuerdos jurídicos con los bancos y las compañías de telecomunicaciones, formación de voluntarios en la distribución de efectivo, obtención del apoyo de los gobiernos, las comunidades y los donantes— para poder responder rápidamente mediante donaciones en efectivo si ocurre un desastre. En los casos en que las Sociedades Nacionales todavía no hayan establecido los sistemas necesarios, la Federación Internacional las ayuda a establecer sistemas con los bancos correspondientes y elaborar acuerdos con terceros (bancos, compañías de telecomunicaciones, minoristas, etc.).

Si bien los aspectos técnicos se pueden establecer de manera relativamente rápida, la falta de preparación puede retrasar en varias semanas una respuesta mediante dinero en efectivo y, en algunos casos, meses, sobre todo cuando las Sociedades Nacionales o los gobiernos nunca han implementado programas de este tipo. “Por eso alentamos a que más Sociedades Nacionales se preparen para las transferencias monetarias y puedan intervenir así tan pronto como ocurra la emergencia”, explica Holman.

Del mismo modo, la capacidad para evaluar los mercados y prestar asistencia en efectivo en el marco del CICR dista mucho de ser universal, por lo que la Institución desde 2012 comenzó a invertir más en la formación en evaluación de mercados y la realización de programas de asistencia en efectivo.

En términos más generales, las organizaciones humanitarias también ven la necesidad de mejorar la calidad global de la evaluación, la selección de los beneficiarios y el seguimiento a fin de minimizar la posibilidad de que el dinero donado termine en manos de los grupos armados, choque con la legislación antiterrorista o simplemente sea utilizado con otros fines que no sean humanitarios. Además, las organizaciones humanitarias deben hacer lo necesario para proteger los datos personales de los beneficiarios que sirven para realizar los pagos electrónicos.

Degan Ali, director ejecutivo de African Development Solutions, con sede en Nairobi, y uno de los pioneros de los programas de asistencia en efectivo, dice que con el tiempo, los gobiernos deberán asumir las funciones de gestión de datos y establecerán la legislación y las prácticas de protección de datos (véase página 1). Cuando los gobiernos no puedan cumplir esta función, se podría designar a una organización neutral.

Otro problema que se plantea es la “sectorización” de la asistencia en efectivo, es decir las organizaciones ofrecen dinero en efectivo para un determinado fin (alimentos, medios de vida, alojamiento). “A medida que los grupos humanitarios que ofrecen ayuda en efectivo proliferan, los refugiados o desplazados deben ir de una organización a otra, contestando cada vez las mismas preguntas, a fin de obtener el servicio o los bienes específicos de cada organización”, comenta Ali, que le gustaría que los grupos humanitarios internacionales colaboren más estrechamente para establecer sistemas estándares que permitan a los beneficiarios registrarse una sola vez y luego recibir una tarjeta que les sirva para varias organizaciones. Si bien se ha aplicado este sistema en algunos casos de emergencia nacional e internacional a largo plazo, los mecanismos de cooperación destinados a las intervenciones internacionales de gran escala distan aún mucho de la norma.

Las donaciones en efectivo fueron parte de una iniciativa microeconómica del CICR que ayudó a una mujer a construir una red de tejedoras artesanales en la comunidad Iyakkachchi de Palai (Sri Lanka). Fotografía: Tuan Zaharan/CICR

Velar por la higiene y la salud en el mercado

Saadiya Ahmed alza una pequeña hacha y parte en dos la pata de una cabra descuartizada. Con notable destreza corta luego la carne en trozos más pequeños. Ahmed, una de las carniceras del mercado de Daraawista en Beletweyne (Somalia) se propone lograr un ingreso regular vendiendo una cabra por día.

“Con ello podré pagar mis cuentas y llevar a mis hijos al hospital si se enferman”, asegura Ahmed, instalada en Beletweyne después de huir de Mogadiscio dejando parte de su familia atrás. Con niños que alimentar, tuvo que utilizar el único dinero que tenía para emprender el negocio de la carne.

La mayor parte de los puestos en el mercado de Daraawista están a cargo de mujeres, que llegan a las seis de la mañana para vender leña, carbón, verduras o carne. El sector de la carne, con el vocerío de los comerciantes y el golpe de los cuchillos al cortar, es el lugar más ruidoso del mercado, una muestra más del pujante comercio de ganado que se desarrolla en Beletweyne, la cuarta ciudad más grande de Somalia. La ciudad tiene dos mercados de ganado y cuatro mataderos, y la actividad comienza mucho antes del amanecer.

Los animales son sacrificados en el suelo y lavados con agua del río Shabelle, que discurre por la ciudad. No hay inspección sanitaria de la carne, que es transportada directamente a los comerciantes en carros tirados por burros.

Preocupado con justa razón por la salud y la higiene, el CICR apoyará este año a más de 400 carniceras, impartiéndoles capacitación en materia de manipulación higiénica de la carne y suministrándoles un juego de cuchillos, guantes, dos delantales y una carretilla. Casi 50 de estas mujeres, contando a Ahmed, son de Beletweyne.

‘’La mayoría de las carniceras no han recibido ningún tipo de formación en el manejo de productos cárnicos’’, dice Massimo Zecchini, especialista del CICR en ganadería en Somalia. “La preparación de la carne en forma higiénica permite reducir la propagación de enfermedades transmitidas por los alimentos y que son prevenibles”.

Además, los trabajadores de salud animal han recibido del CICR una formación en el control de epizootias a fin de prestar servicios de salud animal en las zonas de pastoreo remotas y de difícil acceso. El CICR también ha construido tres clínicas veterinarias equipadas con laboratorios de análisis y atendidas por veterinarios locales. Se están construyendo tres más.

‘’Las consultas veterinarias frecuentes y la disponibilidad de medicamentos de buena calidad son dos formas de asegurar que la comunidad coma y venda carne sana”, precisa Zecchini. “Los animales también producirán más leche. En el largo plazo, los animales serán vendidos a un buen precio en el mercado, lo que permitirá aumentar los ingresos de las familias”.

Todos estos esfuerzos tienen como objetivo mantener la salud de las personas afectadas por problemas graves, tales como inundaciones, sequías cíclicas, desplazamientos y conflictos continuos. Pero también contribuyen a proteger la salud del mercado local de alimentos y los medios de vida y los comercios locales a los que apoya.

Numerosas dificultades

Aunque el negocio puede parecer ventajoso en este animado mercado, las mujeres del mercado de Daraawista hacen frente a numerosas dificultades. Muchas de ellas son progenitoras sin cónyuge, que perdieron a sus maridos debido al conflicto.

Al haber aumentado en los últimos veinte años el número de hogares en los que las mujeres son el principal sostén familiar, las mujeres figuran entre las personas más vulnerables. Sin embargo, tienen una gran capacidad de resistencia, gestionan pequeños negocios, crían a los hijos y desempeñan un papel fundamental en la estabilidad de los mercados locales y del tejido social. Muchas, por ejemplo, viven con huérfanos y ancianos en sus comunidades y les prestan apoyo.

“Al tener a su cargo pequeños negocios como puestos de té o carnicerías, contribuyen a la economía, tanto en entornos rurales como urbanos,’’ señala Dusan Vukotic, coordinador de programas de socorro del CICR en Somalia. ‘’Les brindamos apoyo mediante la formación en aptitudes para los negocios para que puedan hacerse cargo del tipo de negocio que prefieran.’’

Para las madres solteras, compaginar las funciones de sostén de sus familias y de madre es particularmente difícil. Saadiya recuerda una tarde en la que, al volver a su casa, se encontró a su hijo menor que se había caído y tenía una herida grave en la cabeza. Lo llevó rápidamente a un hospital, en el que tuvo que cuidarlo los seis meses siguientes.

Dos días después de que su hijo sufriera la caída, la policía vino a buscar a Saadiya porque el dueño del puesto en el mercado pensó que había abandonado la ciudad sin pagar el alquiler. A pesar de que su hijo seguía en el hospital, Saadiya tuvo que volver a trabajar.  Abría su puesto durante seis horas, volvía a su casa a fin de cocinar para sus otros hijos y luego pasaba la noche con su hijo menor en el hospital. Desde entonces, su hijo se ha recuperado, pero este episodio ofrece una idea de algunas de las grandes dificultades que enfrentan las mujeres en esta región.

*Se ha cambiado el nombre de Saadiya para proteger su intimidad.

Rita Nyaga
Auxiliar de comunicación en la delegación del CICR en Somalia

Camino al mercado cerca de Beletweyne (Somalia). Fotografía: CICR

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