Un día en el mar

El Topaz Responder patrulla el Mediterráneo. Fotografía: Rosemarie North/Federación Internacional

Un día en el mar

En colaboración con la Migrant Offshore Aid Station, la Cruz Roja Italiana y la Federación Internacional patrullan el Mediterráneo con objeto de encontrar barcos con migrantes a bordo, salvar vidas y recordar al mundo que demasiadas personas pierden la vida en el mar.

Todo empezó antes del amanecer, tras recibirse un informe por radio: se divisaba un barco en aguas internacionales a unas 12 millas náuticas de la costa libia. El Topaz Responder, un barco de 51 metros de eslora construido especialmente para este tipo de tareas, partió en su busca.

Se encontraban a bordo especialistas en búsqueda y rescate de Malta, Reino Unido y Estados Unidos, que trabajan para la organización benéfica independiente Migrant Offshore Aid Station (MOAS), y un equipo médico de emergencia dirigido por la Cruz Roja Italiana.

La MOAS realiza las tareas de rescate utilizando dos embarcaciones veloces más pequeñas instaladas a bordo del Topaz Responder, y que pueden echarse al mar rápidamente. (Las dos naves, fueron bautizadas Aylan y Ghalip en honor a los hermanos Kurdi, cuya muerte frente a la costa de Turquía conmocionó al mundo entero en 2015.) Una vez que las personas rescatadas suben a bordo, un equipo de cuatro colaboradores de la Federación Internacional bajo el mando de un coordinador de la Cruz Roja Italiana se encarga de hacer los exámenes médicos, prestar primeros auxilios y distribuir alimentos, agua y mantas isotérmicas para la noche.

Pero había un problema: del motor de la embarcación se escapaba el combustible de alto octanaje que se mezclaba con el agua de mar, despidiendo un olor tóxico que inhalaron los pasajeros y los intoxicó. Algunos de ellos se desmayaron.

By Rosemarie North

Escritora y consultora en comunicaciones y exredactora de Cruz Roja Media Luna Roja.

Eugenio Venturo, jefe del equipo de la Federación Internacional observando con los prismáticos un objeto captado por el radar.
Fotografía: Rosemarie North/Federación Internacional

Pánico

En este caso, el Topaz Responder echó al agua el Ghalip. Su reflector iluminó un espectáculo espeluznante: una enorme barca inflable gris con más de 100 personas sentadas a horcajadas en los bordes con un pie en el agua y el otro en el interior. Y en el centro de la barca más gente apiñada en el suelo.

Hombres, mujeres y niños pagaron sumas astronómicas para embarcarse en este bote inflable, que zarpó alrededor de la medianoche; francamente, tuvieron suerte de haber llegado hasta aquí. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), 2016 es el año que más muertes ha habido en esta ruta. A pesar de las imágenes térmicas, los radares y otros métodos de búsqueda, fue por fortuna que se encontró a los ocupantes de esta embarcación.

Los miembros del equipo de rescate del Ghalip pidieron a los ocupantes que mantuviera la calma y comenzaron a lanzarles chalecos salvavidas. La mayoría de ellos no sabía nadar.

Pero había un problema: del motor de la embarcación se escapaba el combustible de alto octanaje que se mezclaba con el agua de mar, despidiendo un olor tóxico que inhalaron los pasajeros y los intoxicó. Algunos de ellos se desmayaron.

Una mujer en el bote neumático sostenía a un bebé vestido de blanco, tal vez con la esperanza de llamar la atención. Cundió el pánico y la gente gritaba. Los ocupantes se caían o saltaban al agua, incluso sin saber nadar.

Los rescatistas de la MOAS se tiraron al mar para salvar a todos los que pudieran y subir a las personas a la cubierta del Topaz Responder. En pocos minutos, tres bebés fueron alzados hasta el barco.

Después de una intensa operación de salvamento, se registró a 134 sobrevivientes: 99 hombres, 29 mujeres y 6 niños, entre ellos unos gemelos de seis meses y un bebé de ocho. Siete personas perdieron la vida y sus cuerpos fueron llevados a la morgue del Topaz Responder.

En la madrugada, la tripulación rescata a 134 personas de una balsa de goma que flota en aguas internacionales frente a la costa de Libia. Fotografía: Kenny Karpov/Federación Internacional

La Cruz Roja en el mar

Las actividades del Topaz Responder y de su barco gemelo, el Phoenix, son el resultado de una asociación entre la Cruz Roja Italiana, con el apoyo de la Federación Internacional, y de la fundación Migrant Offshore Aid Station, con sede en Malta, cuyo objetivo es evitar la muerte de migrantes en el mar. Los barcos operan en el Mediterráneo fuera de las aguas territoriales de Libia y sus actividades son coordinadas por el Centro de Coordinación de Rescate Marítimo de Italia, con sede en Roma.

“Estar preparado para cualquier cosa”

Casi de inmediato, hubo otra llamada para realizar un nuevo rescate muy ilustrativo: el equipo subió a bordo a 22 pasajeros de un segundo bote neumático. Y luego a 27 personas de un tercero. El ritmo es febril.

Tan pronto como fue posible, el equipo médico de la Cruz Roja Italiana hizo los controles médicos necesarios y brindó primeros auxilios a los pasajeros rescatados. La mayoría de las personas estaba conmocionada, pero no enferma. Dos hombres con trastornos graves a causa del combustible tóxico fueron evacuados por la guardia costera italiana al hospital. Uno de ellos agonizaba pues había inhalado tal cantidad de gases tóxicos que tenía las vías respiratorias afectadas. Dos días más tarde, el equipo se enteró de que había fallecido en el hospital.

La enfermera Nicole Rähle, de la Cruz Roja Suiza en misión para la Federación Internacional, tiene experiencia en incidentes con gran cantidad de víctimas y emergencias en tierra, pero nunca le había tocado un salvamento en plena mar.

“Uno tiene que estar preparado para los incidentes con gran cantidad de víctimas y saber manejar la situación en circunstancias muy difíciles”, explica. “En un barco uno está limitado por el tiempo y también por el espacio”.

“Uno tiene que estar preparado para cualquier cosa. Las personas a bordo pueden estar en perfecto estado de salud o muy enfermas debido a la deshidratación, la inhalación de gasolina, quemaduras o lesiones por aplastamiento a raíz del hacinamiento.

“Somos solo tres profesionales de salud: un médico y dos enfermeras para unas 350 personas o más. Así que hay que pensar con rapidez, saber adaptarse y estar preparado para cambiar de estrategia varias veces durante un rescate”.

Más tarde, el Topaz Responder llevó a bordo a 171 pasajeros traídos de otros dos barcos de rescate que patrullan la zona. Un hombre fue trasladado a otro barco para que se reuniera con su esposa. El Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo de Roma, que coordina los rescates y los traslados, pidió al barco que condujera a los 351 pasajeros a Italia.

Los equipos de rescate suben a un niño a bordo del Migrant Offshore Aid Station. Fotografía: Kenny Karpov/Federación Internacional

Una ola de emociones

En la cubierta, la gente estaba aturdida. Algunos lloraban, otros se lamentaban o estaban sentados, aparentemente en estado de choque. Posteriormente, lograron relajarse. Estaban finalmente a salvo. La mayoría sentía simplemente alivio de estar vivos.

“Ir de Nigeria a Europa no es fácil, por tierra y luego por mar”, dice Jamal Agboola-Muideen, de 39 años, padre de cuatro hijos. “Perdimos a mucha gente durante la travesía. Podría haber sido uno de ellos”.

Es el jefe de su numerosa familia y dice que se vio obligado a huir después de que sus padres murieran pues comenzó a recibir amenazas de muerte de parientes que querían las tierras de sus padres.

A bordo también había trabajadores migrantes de Bangladesh atrapados en Libia sin percibir ingresos durante dos años. Este barco era su única esperanza de escapar.

Estas personas provienen de África, el sudeste de Asia o Medio Oriente. Las niñas se apretaban unas contra otras para darse calor por la noche. Una mujer se puso como turbante una tira de la parte dorada de la manta isotérmica. Un joven cedió su manta a otro pasajero que temblaba de frío. En la cubierta inundada de agua las personas se ayudaban para no tambalearse. Un bebé lloraba de angustia y hambre, mientras su madre desmoralizada miraba hacia otro lado. Los sobrevivientes pedían agua, alimentos, café y conexión wi-fi. El Topaz Responder es principalmente una ambulancia flotante y solo proporciona agua y alimentos.

“Una tiene que estar preparada para cualquier cosa… Así que hay que pensar con rapidez, saber adaptarse y estar preparada para cambiar de estrategia varias veces durante un rescate”.

Nicole Rähle, enfermera que trabaja para la Cruz Roja Italiana a bordo del Topaz Responder.

Iesha, madre de dos hijos, decidió hacer el peligroso viaje a Europa después de que su marido fuera muerto en Libia. Fotografía: Kenny Karpov/Federación Internacional

1 año en el mar (2016)**

Más de 318.000 llegadas por mar a Europa*

Más de 3.650 muertos*

Más de 28.000 personas rescatadas en el mar (septiembre de 2016)**

Fuentes: *Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados;

**Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo, Roma.

La tarea no ha terminado

A medida que el Topaz Responder se acercaba al muelle de Augusta (Sicilia) un hombre de 22 años cayó al suelo temblando incontrolablemente. “Es un ataque de pánico”, dijo la doctora italiana Brunella Pirozzi. El equipo lo consoló y trató con suavidad de hacerle abrir los puños. Estaba en un estado de profunda depresión pues no había podido hacer más para proteger a sus dos hermanos y su madre, muertos ante sus propios ojos en Libia, y a su hermana, que fue secuestrada. Cree que tiene una tía en Francia. La Cruz Roja Italiana puede ayudarle a encontrarla.

Una vez que todo el mundo pisa tierra firme sano y salvo, el equipo de rescate da por concluida su misión. Sin embargo, vale la pena recordar que a pesar de que las 183 personas rescatadas en esta ocasión llegaron a suelo europeo, su calvario dista mucho de haber terminado. Muchos migrantes que salen de Italia terminan atrapadas en los campamentos fronterizos o son detenidos en otros países y deportados a su país o enviados de vuelta a Italia, a la vez que sus posibilidades de encontrar un empleo son mínimas.

Aun así, en muchos sentidos, son afortunados. Según la Organización Internacional para las Migraciones, unas 3.200 personas han perdido la vida en el Mediterráneo en los primeros ocho meses de 2016. Y la suerte que corren hombres, mujeres y niños en otras rutas marítimas de migración extremadamente peligrosas (tales como el Golfo de Adén o la Bahía de Bengala) reciben mucha menos atención de los medios de comunicación, las organizaciones humanitarias, las organizaciones de rescate y los gobiernos. Por esta razón, entre otras, la MOAS este verano desplegó una embarcación similar en el sudeste asiático con la intención de patrullar las aguas internacionales de esa zona.

La Cruz Roja y la Media Luna Roja no pueden resolver las condiciones políticas o económicas que inducen a las personas a abandonar su país en busca de seguridad o dignidad. Ese es el trabajo de los líderes mundiales. Pero como dijo Francesco Rocca, presidente de la Cruz Roja Italiana, la Cruz Roja continuará realizando su labor de salvar vidas al mismo tiempo que se ocupa de influir en esos líderes para que avancen y encuentren soluciones políticas y humanitarias a largo plazo. “Sin soluciones políticas a los problemas que obligan a la gente a abandonar sus hogares, las familias seguirán pagando el precio con sus vidas”, asegura.

Una enfermera de la Cruz Roja Suiza, Nicole Rähle, en misión para la Federación Internacional, con un niño recién rescatado. Fotografía: Kenny Karpov/Federación Internacional

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