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Transformar vidas entre rejas

En centros penitenciarios de la ciudad de México, personas voluntarias de Cruz Roja no sólo salvan vidas, sino que dejan un efecto dominó de compasión hacia los demás.

El confinamiento puede ser una experiencia sombría y aislante. Pero un nuevo proyecto de la Cruz Roja Mexicana ofrece a Personas Privadas de Libertad (PPL) una oportunidad única de tener un impacto positivo y encontrar un nuevo significado, incluso dentro de los muros de la prisión.

«Aquí no hay muchos grupos a los que puedas unirte para ayudar a los demás», dice Julián González Moreno, uno de los participantes del proyecto en el Centro Penitenciario Varonil Sur, quien ha pasado 18 años en prisión. «Así que éste es uno de los pocos en los que puedes ayudar de verdad a alguien». A veces eso significa incluso salvar la vida de alguien, comentan voluntarios de Cruz Roja Mexicana. Recientemente, se enfrentaron a un incidente en el que reanimaron con éxito a una persona que estaba sufriendo un infarto, sólo ocho días después de recibir un curso de reanimación cardiopulmonar (RCP) actualizado.

Personas privadas de libertad llevan a cabo las prácticas como parte de la formación en Salud y Primeros Auxilios Comunitarios (SPAC) impartida por personal de la Cruz Roja Mexicana en el Centro Penitenciario Varonil Sur, una prisión de Ciudad de México.

Estos cursos forman parte del programa Salud y Primeros Auxilios Comunitarios que la Cruz Roja Mexicana lleva a cabo en varios centros penitenciarios de Ciudad de México. Mediante la formación y los talleres sobre primeros auxilios, protección civil y apoyo psicosocial, el proyecto dota a las personas privadas de libertad de habilidades para salvar vidas y les capacita para convertirse brigadas de respuesta inmediata dentro de los centros penitenciarios.

El programa SPAC ha ayudado a cuestionar ideas preconcebidas sobre la situación de personas privadas de libertad y ayuda a reformar la percepción pública de ellas. «El programa también ha sido beneficioso para abordar el estigma social al que pueden enfrentarse», afirma Jesús Enrique, voluntario de Cruz Roja Mexicana y participante en el proyecto SPAC. «Para nosotros, es importante compartir información relevante, y que el resto de la comunidad dentro de la prisión vea que se confía en ellos a la hora de prestar primeros auxilios o ayudar a los demás».

Habilidades que salvan vidas

Raquel Jaimes, con 14 años de encarcelamiento, expresa su gratitud por la formación recibida. «Hoy sé poner una venda en una herida y puedo hacer reanimación cardiopulmonar. La Cruz Roja Mexicana me ha enseñado a prestar primeros auxilios», comenta. «Ahora puedo enseñárselo a mis hijos y a mis nietos».

El proyecto no sólo imparte conocimientos prácticos, sino que también fomenta un sentimiento de confianza y autosuficiencia. Las PPL aprenden a manejar situaciones de emergencia como infartos, lesiones y accidentes, asegurándose de que están bien preparados para responder con rapidez y eficacia. En el caso de los centros penitenciarios de mujeres, el programa SPAC ofrece cursos específicos de primeros auxilios para recién nacidos, debido a que las madres pueden vivir con sus hijos e hijas hasta los 3 años y 8 meses de edad.

Óscar Sánchez López, voluntario de la Cruz Roja Mexicana, imparte formación en primeros auxilios a mujeres en el Centro Penitenciario Femenil, Tepepan, una prisión ubicada en la Ciudad de México.

Salvar vidas y fomentar el cambio

La formación SPAC va más allá de la adquisición de habilidades individuales. Cultiva un sentido colectivo de responsabilidad y compasión entre los reclusos, inspirando un cambio de mentalidad, según el Julián González Moreno. «Cuando la gente se da cuenta de que te preocupas por ellos, sin ningún interés propio, empiezan a hacer lo mismo con los demás, y se crea un efecto dominó», afirma.

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