Lo que puede la confianza

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Lo que puede la confianza

La dedicación diaria y la labor humanitaria basada en principios de los voluntarios, como Saipaci Aponte, es la razón principal por la cual la Cruz Roja Venezolana ha podido prestar asistencia a las personas de todos los bandos del espectro político.

Producción y Reportaje: 
Manuel Rueda

Producción y edición:
Irina Ruano

En el patio de una sección de la Cruz Roja Venezolana en Caracas, Saipaci Aponte comparte con nuevos voluntarios algunas de las técnicas de primeros auxilios aprendidas a lo largo de su propia capacitación y algunas de las lecciones que ha sacado en las calles como socorrista y como miembro del equipo de primeros auxilios que ayuda a la gente durante las demostraciones en la vía pública.

“¿Sigue consciente ese lesionado?”, pregunta a dos jóvenes voluntarios encargados de evaluar el estado de otro voluntario que desempeña el papel de una persona con graves heridas en la zona del estómago.

“Está inconsciente”, responde uno de ellos.
Aponte prosigue: “¿Le colocaron una venda?”

Sin embargo, no se trata de una simple sesión para aprender a poner vendajes y procedimientos de primeros auxilios, sino de muchas otras cosas que los voluntarios deben saber. “Nuestra función es ayudar al que más lo necesita. Vamos, lo atendemos y después atendemos a la otra persona pero sin discriminar”.

“Para nosotros es una satisfacción saber que estamos ahí para apoyarlos” asegura Aponte.

Atender a los heridos por orden de prioridad en el lugar de los hechos –en caso de accidente de tránsito, calamidad natural o grandes reuniones públicas– nunca es una tarea sencilla. Durante los recientes disturbios en Venezuela, los voluntarios también han tenido que reflexionar rigurosamente sobre los Principios Fundamentales como el de humanidad e imparcialidad. Esta dedicación diaria a su trabajo y estos principios son una de las razones por las que la Sociedad Nacional ha podido mantener la confianza y convertirse en el principal proveedor de asistencia humanitaria en Venezuela.

Un poco más tarde, Aponte refuerza este mensaje al dirigir un debate entre los nuevos voluntarios sobre los principios de imparcialidad y neutralidad del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. “Tengo dos bandos; tengo el bando A y el bando B. En ambos bandos hay heridos. ¿Qué hago? Lo que voy a hacer es que voy a cubrir a ambos. No voy a cubrir a uno y al otro no, porque uno de los dos no me simpatiza. Básicamente trabajamos con ambas partes”.

Tiempo y dedicación

Más que palabras, los voluntarios como Aponte predican con el ejemplo. No solo muestran que las personas pueden hacer grandes cosas, sino también que son seres normales con sueños y esperanzas como cualquier otra persona. Aponte, por ejemplo, está estudiando para ser enfermera en la Escuela de Enfermería de la Cruz Roja Venezolana.

“El estudio también requiere tiempo y atención”, asegura. “Al igual que la parte de Socorro. Voy a la Universidad en la mañana, de 7.30 a 12.30, y cuando termino voy a la unidad de socorristas, donde siempre hay algo que hacer”.

También suele pasar por un complejo de viviendas situado en el centro de Caracas donde los voluntarios de la Cruz Roja brindan apoyo psicosocial a las personas mayores que viven allí, muchas de las cuales ahora no tienen quién se ocupe de ellas, porque sus parientes más jóvenes se han ido de Venezuela escapando de la prolongada crisis económica. “De voluntaria llevo 4 años –dice Aponte. Digamos que ha sido un proceso bastante arduo pero sin embargo tiene sus recompensas. Y es algo que también me ha ayudado a conocer personas nuevas, con diferentes ideas. Es una carrera en la que aprendes muchísimo, en donde ayudas a las personas sin recibir nada a cambio, exceptuando una sonrisa o un gracias, y eso es bonito”.

Cuando no está ayudando a los demás, es como la mayoría de los jóvenes. “Cuando no estoy en la Cruz Roja o en la Universidad, estoy en casa. Veo películas en mi computadora, hago mis tareas o un poco de investigación. O también voy a donde mi mamá, y veo a mi hermana”.

“Quisiera seguir estudiando pero serían carreras diferentes como turismo o ser aeromoza. Quisiera conocer Venezuela, y visitar otros países como Francia, Alemania, Bogotá (Colombia) o Curazao. Quisiera hacer turismo por Curazao”.

Aponte llegará lejos cualquiera que sea el camino que elija. Y no cabe duda de que en su recorrido seguirá ayudando a los demás.
“Queremos seguir mejorando”, comenta sobre su labor en la Cruz Roja.

Queremos poder seguir ayudando y sirviendo a los venezolanos para que puedan tener un granito de arena de nuestra parte y mejorar su vida cotidiana”.

Nuestra función es ayudar al que más lo necesita. Vamos, lo atendemos y después atendemos a la otra persona pero sin discriminar.

Es mi forma de retribuir

Luis Lamus, de 30 años, es médico y tuvo que abandonar su consulta privada en Caracas debido a los constantes apagones. Para ganarse la vida, hace ahora visitas a domicilio. También se va a otras poblaciones como voluntario para realizar exámenes médicos gratuitos, suministrar medicamentos cada vez que es posible y mostrar a las personas lo que deben hacer para no contraer enfermedades que se pueden prevenir. Una vez por semana es voluntario en el hospital de la Cruz Roja en Caracas, donde realiza consultas de seguimiento gratuitas. “Vamos tanto a las comunidades urbanas como a las rurales. Hay jornadas en las que se pueden atender entre 50 y 60 pacientes en una mañana como hay jornadas en las que se pueden ver entre 100 y 150 pacientes”, dice, y añade que entre los pacientes hay todo tipo de casos, desde presión arterial alta hasta erupciones cutáneas graves y diarrea debido a la mala calidad del agua. “Me formé tres años en la institución y creo que se lo debo”.

Seguir adelante pese a las dificultades

En Maracaibo, ciudad portuaria situada en el oeste de Venezuela, Zuleidy Medina se prepara para una nueva jornada ayudando a los demás, a pesar de tener que sobrellevar las mismas dificultades con las que se enfrentan las personas a las que presta asistencia. “Cuando hay electricidad me levanto a las 6.30 de la mañana, me cepillo los dientes, me baño, me visto y me voy”, cuenta Medina, enfermera y profesora de formación. “Si no hay electricidad me levanto a las 3 de la madrugada porque no hay aire, hace mucho calor, hay muchos zancudos y no puedes dormir”. A menudo, tampoco hay ducha. “Si no hay electricidad no tenemos como bombear el agua, entonces se nos hace muy difícil adquirir el agua”. Un día, Medina fue a una comunidad indígena en las afueras de la ciudad para efectuar entre un grupo de escolares un simulacro de evacuación en caso de terremoto. En el camino, se detuvo en tres supermercados para comprar alimentos, ya que la escuela tiene muy poco dinero para alimentar a los niños. Las dos primeras tiendas estaban cerradas a raíz de la escasez de alimentos y los cortes de electricidad. “Estamos pasando dificultades. Pero nos damos cuenta de que hay personas que están en condiciones más vulnerables que nosotros y podemos ayudar a esas personas”.

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