Una ventana de tiempo

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Una ventana de tiempo

A medida que las tormentas e inundaciones se vuelven más extremas y menos previsibles, un nuevo proyecto en Perú utiliza los pronósticos meteorológicos para estimular el financiamiento de actividades humanitarias antes de que ocurra un desastre. Así se cambia la manera tradicional de hacer frente a los desastres, buscando con ello salvar más vidas. 

Septiembre 2019 |

Reportaje y producción audiovisual:
Manuel Rueda

Producción y edición:
Irina Ruano

Fotografías:
Bruno Chávez
Cruz Roja Peruana

Beatriz Paredes recuerda la última vez que el río Amazonas casi acaba con su casa de madera en Belén, un barrio de la ciudad de Iquitos (Perú).

Los niveles del agua subieron repentinamente en su comunidad, y en menos de una semana el pequeño espacio que utiliza como sala, cocina, y habitación estaba cubierto de aguas turbias del río. Mientras bajaban los niveles del agua, Paredes y su familia durmieron en unas tablas de madera que ubicaron justo debajo del techo de la casa, para formar un improvisado ático.

“Hubo días en que nos acostábamos sin comer nada” recuerda Paredes, quien habitualmente vende jugo de caña en el mercado local, y por esos días no pudo trabajar. “Perdí mis ollas, los muebles, los platos; lo que no cabía arriba se lo llevó el río”.

Las inundaciones son recurrentes durante la época de lluvias en Belén, un barrio pobre de casas hechas sobre plataformas de madera a la orilla del río donde viven miles de personas que, como Beatriz Paredes, no tienen los medios para alquilar una vivienda en las zonas más seguras de Iquitos. Pero el distrito de Belén –promocionado por algunos guías turísticos como ´la Venecia del Amazonas´— está sufriendo inundaciones cada vez más graves, posiblemente por efecto de la crisis climática en la cuenca del Amazonas.

En 2012, unas 200.000 personas fueron afectadas por las inundaciones que asolaron Iquitos y el departamento de Loreto y en las que Beatriz Paredes estuvo a punto de perder su hogar. En 2015, otra serie de inundaciones asoló la Amazonia peruana, dejando más de 160.000 personas damnificadas, según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios.

Un cambio de paradigma

Mientras las inundaciones anuales en la Amazonia se vuelven más extremas, la Cruz Roja Peruana trata de reducir el número de personas afectadas por las crecientes del río mediante la implementación de un nuevo proyecto que cambia el enfoque de la acción humanitaria. La idea es proporcionar asistencia a la población de mayor vulnerabilidad antes de las inundaciones, a fin de proteger su seguridad y salud durante estos fenómenos climáticos extremos.

“Hemos sido una institución humanitaria enfocada tradicionalmente en responder al impacto de los fenómenos extremos”, dice Kemper Mantilla, coordinador nacional de este proyecto de la Cruz Roja Peruana. “Lo que estamos haciendo ahora es un cambio de paradigma”.

Este nuevo mecanismo, diseñado por la Cruz Roja Alemana y el Centro de las organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja sobre cambio climático, y conocido como Preparación basada en Pronósticos, se ha implementado ya en varios países, desde Bangladesh a Togo.

En Perú,el proyecto se ha puesto en marcha en tres zonas del país que sufren fenómenos climáticos extremos: la costa, que se ve periódicamente azotada por lluvias extremas relacionadas con El Niño, la zona altoandina, donde las comunidades ubicadas a más de 3.800 metros sobre el nivel del mar sufren anualmente olas de frío y nevadas que afectan a los medios de vida de los pequeños criadores de alpacas, y la zona de la cuenca del Amazonas en torno a Iquitos. En el caso de los criadores de alpacas, los pronósticos permiten captar fondos para la construcción de refugios y la provisión de medicamentos para el ganado.

Perdemos de 15 a 20 alpacas cada invierno”, dice Flavio Cabana, quien tiene un rebaño de 400 alpacas en la región de Arequipa, al sur del Perú. “Los animales jóvenes son los más propensos a morir de frío”.

El proyecto analiza la información emitida por el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú y comunica al personal de la Cruz Roja Peruana alertas sobre los fenómenos extremos que pueden afectar a comunidades vulnerables. Con dicha información, los trabajadores humanitarios tienen más tiempo para preparar y distribuir la ayuda a la gente más necesitada.

Tratamos de que la información científica llegue lo más rápido posible a los encargados de tomar decisiones” dice Juan Bazo, asesor científico del Centro de las organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja sobre cambio climático, otro asociado clave de los proyectos de la Preparación basada en Pronósticos en todo el mundo.

“La idea es aprovechar esa ventana de tiempo que nos dan los pronósticos meteorológicos para ayudar a las personas más vulnerables”.

The benefit of this programme is that it uses weather forecasts, which give us a window of time to act, so that we can get help to the most vulnerable people.

En Iquitos (Perú), la población depende del río y cuando este se inunda, toda la vida se ve afectada.
Cuando hay una inundación, cada parte de la vida de las familias locales se ve afectada. Fotografía: Bruno Chávez, Cruz Roja Peruana.

La preparación es crítica

Gran parte de las actividades del proyecto Preparación basada en Pronósticos se lleva a cabo mucho antes de que se activen las temidas alertas de la inminencia de inundaciones extremas. En Iquitos, una ciudad ubicada en el corazón de la Amazonia, la Cruz Roja Peruana puso en marcha el proyecto en 2016.

Lo primero que se hizo, dice Kemper Mantilla, fue localizar las zonas de la ciudad que podrían beneficiarse del proyecto en base al análisis de los datos sobre riesgos como la exposición de las comunidades al peligro y la vulnerabilidad. Posteriormente, se realizaron encuentros comunitarios, en los que los vecinos señalaron cuáles son las necesidades más apremiantes en caso de inundaciones extremas, como las ocurridas en los años 2012 y 2015.

En estas reuniones quedó claro que la falta de agua potable es uno de los mayores problemas que enfrentan los habitantes de Belén y de varias comunidades rurales que participan en el proyecto.

La mayoría de los habitantes de estas comunidades no disponen de agua potable en sus casas, así que sacan agua del río para lavar y cocinar, y para beber compran agua en botella en los mercados locales.

Sin embargo, la distribución de agua embotellada colapsa durante las inundaciones, y el agua del río carga más sedimento y desechos, haciendo que su consumo sea peligroso, precisa Mantilla.

Gracias a los recursos aportados por un fondo de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja destinado a acciones tempranas, la Cruz Roja Peruana está en condiciones de distribuir filtros de agua a 600 familias de la región de Loreto la próxima vez que ocurra una inundación extrema. Para ello, la Sociedad Nacional ha realizado varios simulacros con la finalidad de asegurar un proceso de entrega efectivo.

Los filtros separan los sedimentos y eliminan las bacterias” explica Mantilla. “Así evitamos el brote de enfermedades intestinales”.

Sin mercancía para vender

Para Beatriz Paredes, que sobrevive con un ingreso de unos 8 dólares al día, este tipo de ayuda también tiene un efecto económico pues el filtro de agua evita la compra de agua embotellada, cuyo precio es elevado.

Paredes dice que también se ve en aprietos para comprar alimentos y otros productos básicos durante las inundaciones pues estos fenómenos meteorológicos la dejan sin su principal fuente de ingresos: el jugo de caña que vende en el mercado.

“Cuando el agua sube la chacra queda anegada y no podemos trabajar en ella”, señala Paredes, quien muele su propia caña de azúcar todas las mañanas en un extractor de jugo. “Cuando no tengo nada que vender es difícil sustentarnos”.

Marcos Paimaya, un cultivador de cilantro de la comunidad rural de Cantagallo, situada río abajo a una hora de Iquitos, dice que las inundaciones lo ponen en similares dificultades.

Durante las inundaciones estacionales, el terreno que cultiva queda bajo el agua. Paimaya se prepara para las inundaciones inevitables ahorrando lo más que puede durante los meses en que le es posible trabajar. Construyó también una canoa para desplazarse cuando el río cubre su pueblo.

Pero cuando las inundaciones se prolongan, su bolsillo sufre porque además no puede moverse en su pequeña canoa cuando el río corre con demasiada fuerza y tiene que pagar el transporte en embarcaciones más grandes para poder desplazarse.

“Las inundaciones me afectan y me impiden mantener a mis hijos”, observa Paimaya.

Beatriz Paredes en Iquitos (Perú).
El agricultor Marcos Paimaya cultiva cilantro a la orilla del río. Dice que las inundaciones le impiden ahorrar dinero para que sus hijos puedan recibir una mejor educación.

Luchando por un mejor futuro

Por estos motivos, un componente importante del proyecto de Preparación basada en Pronósticos de la Cruz Roja Peruana es la transferencia de dinero en efectivo que se hace a las familias vulnerables. En tal sentido, el proyecto prevé realizar una transferencia en efectivo de aproximadamente 220 Francos Suizos a 400 familias pocos días antes de que sus comunidades sufran de una inundación extrema.

No es un gran monto, pero puede ayudar a estas familias a comprar comida, medicinas, a pagar gastos de transporte o a solventar cualquier otra necesidad que se les presente de manera previa a la inundación, asegura Natalia Gómez de Travesedo, delegada de la Cruz Roja Alemana para el proyecto Preparación basada en Pronósticos en Perú y Ecuador. “Ayuda ya que llegamos antes a las comunidades que serán potencialmente afectadas”, dice Gómez de Travesedo. “Y todo esto permite mitigar el impacto de estos eventos extremos en la población.”

Gómez de Travesedo dice que el proyecto aún tiene que ser probado y medido de manera sistémica y estructurada para generar la evidencia necesaria.  Pero está claro que para personas como Marcos Paimaya este tipo de ayuda quita un gran peso de sus hombros.

Como muchas personas en esta zona, Paimaya se esmera en su trabajo y ahorra dinero para que sus cuatro hijos puedan terminar su educación secundaria, pues es una de las pocas opciones que tienen para acceder a una vida mejor.  “Los gastos relacionados a las inundaciones pueden ser un gran obstáculo para realizar esos sueños”, dice el agricultor.

“Yo me quemo la espalda, (bajo el sol) para sacar adelante a mis hijos” dice Paimaya, quien sólo pudo estudiar hasta tercero de primaria. “Yo quiero que ellos tengan una educación superior…para que ellos se mantengan y no tengan que estar como yo sufriendo de la creciente y de tantas cosas que uno sufre acá en la chacra.”

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