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Cuando el rayo cae dos (o incluso tres) veces en el mismo lugar

La pandemia de COVID-19 impone la necesidad de analizar profundamente la manera en que las comunidades y los países se preparan para enfrentar crisis simultáneas. Aquí se exponen algunas de las enseñanzas extraídas por la Sociedad de la Cruz Roja Japonesa a raíz del triple desastre que incluyó un terremoto, un tsunami y una catástrofe nuclear y que ocurrió este mismo mes hace diez años.

Photo taken: February 4, 2014 Place: Namie-city, Fukushima Prefecture, Japan Copy right: JRCS The Fukushima Daiichi Nuclear Power Plant accident on Great East Japan Earthquake and Tsunami caused everyone in Namie town - just a few kilometers from the plant, to be evacuated. Its residents are now among the 142,000 Fukushima evacuees and their former hometown is now all but deserted, with scant hope of their being able to return any time soon.

Hace diez años, un terremoto con una magnitud de 9 sacudió la costa noreste de Japón y provocó un tsunami que mató a dieciocho mil (18.000) personas, arrasó ciudades costeras enteras y desencadenó un grave accidente nuclear en la prefectura de Fukushima, a raíz de lo cual más de cien mil (100.000) personas tuvieron que ser evacuadas de sus hogares.

Hoy, algunos indicios positivos apuntan hacia un regreso a la normalidad. Se han concluido las tareas de descontaminación de tierras en gran parte de las zonas afectadas, y los niveles de radiación atmosférica han logrado igualar a los de la mayoría de las ciudades del mundo.

Sin embargo, la vida de quienes sobrevivieron al terremoto y al tsunami de 2011 nunca volverá a ser la misma. Seres queridos muertos. Vecindarios arrasados. En la zona afectada por la radiación, unos trescientos treinta y siete (337) kilómetros cuadrados aún son considerados terrenos a donde no se aconseja regresar, por lo que más de treinta y siete mil (37.000) personas aún no pueden regresar a sus hogares.

El evento resultó traumático incluso para quienes llegaron desde otras regiones de Japón a prestar ayuda, en gran parte debido a que era la primera vez, incluso para la Cruz Roja Japonesa, que les tocaba enfrentar varias crisis simultáneas de esta magnitud, crisis que no solo dejaron bajo el agua ciudades enteras, sino que hicieron de las tareas de rescate una labor sumamente riesgosa debido al eventual envenenamiento por radiación.

Ayumi Watanabe, enfermera de la Cruz Roja Japonesa, recuerda cuando su unidad debió prestar ayuda médica a personas exhaustas y atemorizadas, en un gimnasio de la ciudad de Soma.

“La planta de energía nuclear había explotado y no nos quedó otra opción más que huir. Mientras huíamos escuchábamos las recriminaciones de las personas, culpándonos de abandonarlas. Con una invasión de sentimientos encontrados, entre la culpa y el temor a la radiación, nos vimos obligados a trasladarnos a Kawamata. Se me partió el alma”.

Si bien la Cruz Roja Japonesa tiene vasta experiencia en la prestación de atención médica en casos de envenenamiento por radiación en algunos de los hospitales que gestiona (dado que históricamente brinda servicios de atención de salud a los sobrevivientes de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki), la Sociedad Nacional no estaba preparada para enfrentar una contaminación tan extendida provocada por materiales radiactivos.

En muchas partes del mundo, la COVID-19 desencadena una situación similar, habida cuenta de que, desde los sistemas de salud, se trabaja sin descanso para adaptarse a la pandemia al tiempo que se intenta preservar en la mayor medida posible la seguridad de los trabajadores sanitarios. En el caso de la COVID-19, la mayoría de las comunidades tuvieron tiempo de prepararse para la llegada del virus. No obstante, cuando una pandemia, un agente tóxico o una sustancia contaminante radioactiva complica las tareas de emergencia, el desafío que se plantea sigue siendo enorme.

Después del gran terremoto y el tsunami de 2011, uno de los principales desafíos para la Cruz Roja Japonesa fue abordar la incertidumbre en torno a cómo trabajar de forma segura en las zonas contaminadas por la radiación. Los expertos sostienen que la preparación para emergencias de esta índole requiere necesariamente el establecimiento de normas claras que contemplen la exposición a la radiación y la formación adecuada del personal, así como el suministro de equipos de protección personal y de instrumentación para realizar pruebas.

Lecciones de Fukushima: hay que prepararse hoy

Precisamente a raíz de la enseñanza que dejó el desastre de Fukushima, muchos integrantes de la Cruz Roja Japonesa consideran que el décimo aniversario del terremoto y del tsunami es un momento clave para destacar la importancia de la preparación para este tipo de crisis simultáneas.

La llegada de la COVID-19 no ha hecho más que acentuar esa percepción. En lugares donde las comunidades intentan recuperarse de las consecuencias de las tormentas, la pandemia ha generado nuevas complicaciones de gran magnitud, mientras que en lugares ya afectados por la COVID-19, la población debe además enfrentar la llegada de un huracán u otro tipo de crisis de gran escala.

Por ejemplo, en 2019, Japón intentaba recuperarse de los estragos del tifón Hagibis cuando surgió la pandemia de COVID-19, que complicó las actividades de recuperación y provocó aún mayores dificultades económicas y sociales.

Por ese motivo, entre otros, Masakazu Karube, director general del departamento de gestión de desastres y bienestar social de la Cruz Roja Japonesa, sostiene que es fundamental que los distintos países intercambien información sobre conocimientos y se reúnan para elaborar planes de intervención, sobre todo en relación con desastres complejos que entrañan peligros tecnológicos, con inclusión de materiales radiactivos, biológicos o tóxicos.

“Lo que sucedió en Fukushima fue un triple desastre que incluyó un terremoto, un tsunami y un accidente nuclear”, afirma. “Es fundamental transmitir al mundo lo que hemos aprendido. Los accidentes en las plantas de energía nuclear no conocen fronteras y la solución no puede quedar únicamente en manos del país de origen”.

Para la Cruz Roja Japonesa, fue una enseñanza dolorosa. En los días posteriores al triple desastre, la situación de las unidades especializadas en actividades de socorro de la Sociedad Nacional era compleja debido a la falta de conocimientos en materia de radiación, la escasez de equipos de protección contra la radiación y de materiales adecuados (entre otros, dispositivos para medir los niveles de radiación) y la ausencia de normas que contemplaran las actividades realizadas en un entorno contaminado por la radiación.

“En ese momento, la Cruz Roja Japonesa no contaba con protocolos claros que garantizaran la seguridad del personal de las unidades que realizaban actividades de socorro en un entorno contaminado por la radiación. Además, los temores y las inquietudes en torno a la radiación impidieron que las unidades especializadas pudieran completar su labor en Fukushima en ese momento”.

La magnitud catastrófica del desastre también aumentó la concienciación sobre la necesidad de atender la salud mental de las personas afectadas. Por ese motivo, la Cruz Roja Japonesa ubicó el apoyo psicosocial entre las actividades de socorro principales.

“Es fundamental transmitir al mundo lo que hemos aprendido. Los accidentes en las plantas de energía nuclear no conocen fronteras y la solución no puede quedar únicamente en manos del país de origen”.

Masakazu Karube, director general del departamento de gestión de desastres y bienestar social de la Cruz Roja Japonesa

Baja frecuencia y alto impacto

Una intervención adecuada es particularmente importante, habida cuenta de que se prevén más terremotos en el corto plazo y que el cambio climático ha intensificado la magnitud de los tifones y las inundaciones en los últimos años. Por ejemplo, en febrero, una réplica del gran terremoto del Japón oriental sacudió la costa de la prefectura de Fukushima, pero afortunadamente no afectó las instalaciones nucleares.

“A menudo se dice que un accidente nuclear es un desastre de baja frecuencia y alto impacto, y, efectivamente, el impacto es muy alto una vez que sucede”, afirma el señor Karube. “No sabemos cuándo volverá a ocurrir, pero ahora estamos mejor preparados. Incumbe a los estados que poseen plantas nucleares contar con la preparación adecuada para eventuales contingencias, no solo en aras de la seguridad de sus propios ciudadanos sino también de los países limítrofes y demás territorios”.

Por ese motivo, entre otros, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Federación Internacional) impulsa el llamamiento a que se realicen mayores inversiones en programas de preparación para desastres múltiples. Todo dinero que se destine a iniciativas de planificación constituye una buena inversión, no solo por las vidas humanas que se salvarán como resultado, sino también porque se disminuirá el daño provocado y se agilizará el proceso de recuperación social y económica.

Por su parte, la Cruz Roja Japonesa ha estado preparándose para eventuales emergencias nucleares mediante el fortalecimiento de su propia capacidad de intervención ante una emergencia nuclear, la elaboración de normas claras en materia de tecnología y seguridad, la formación del personal y la recopilación y difusión de información sobre emergencias nucleares (véase más abajo).

Tal como lo expresa la señora Ayumi Watanabe, enfermera de la Cruz Roja Japonesa, la difusión de información y de las enseñanzas extraídas a raíz de la experiencia quizá sea una manera de sacar algo positivo de aquel día trágico. “Recuerdo que cuando estaba en el centro de evacuación en Fukushima, un sinnúmero de personas se acercó a agradecerme por el esfuerzo de haber cuidado de ellas. Hoy siento que debería haber sido yo quien debería haberles dado las gracias. Y heme aquí con toda la experiencia invaluable que me ha tocado vivir. Ahora estoy convencida de que esta tragedia no solo trajo cosas malas, sino que también nos dejó algo bueno”.

1- La preparación comienza en los primeros años. Haruma Kobayashi, estudiante de quinto grado, participa en el programa de preparación para catástrofes de la Cruz Roja Japonesa destinado a la juventud, que forma parte de las actividades habituales de la escuela primaria Hisanohama, en Iwaki, Fukushima. |Foto: Kouji Matsumoto

2- La concienciación sobre los niveles de radiación hoy forma parte de la vida cotidiana de los habitantes de Fukushima. En el exterior de esta escuela primaria, un contador Geiger mide los niveles de radiación en el suelo de la escuela. |Foto: Kouji Matsumoto

La importancia de la preparación

Cabe preguntarse cómo pueden las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja prepararse para eventuales desastres tecnológicos simultáneos. A continuación, se enumeran seis medidas fundamentales recomendadas por la Cruz Roja Japonesa y demás expertos.

  • Estar preparados para una coordinación a nivel internacional – Dado que los accidentes nucleares no conocen fronteras, la intervención ante un accidente en una planta de energía nuclear siempre debe darse en un marco internacional. Las Sociedades Nacionales pueden ayudar a iniciar o fomentar deliberaciones sobre las medidas que han de adoptarse antes, durante y después de un eventual accidente nuclear.
  • Asegurarse de que la legislación vigente permita la intervención de la Sociedad Nacional – La función de las Sociedades Nacionales en relación con las medidas de preparación e intervención a raíz de un eventual accidente nuclear debe estar claramente explicada, sea en la legislación vigente o en otros instrumentos, con miras a establecer una delimitación explícita de las responsabilidades y los protocolos pertinentes.
  • Establecer normas operativas claras y adecuadas que garanticen la seguridad de los grupos de intervención de la Sociedad Nacional – La Cruz Roja Japonesa ha definido claramente sus protocolos de intervención ante eventuales accidentes nucleares. Por ejemplo, para el caso de las unidades especializadas que realizan actividades de socorro por fuera de las zonas de acceso restringido designadas por el gobierno nacional y las autoridades locales, se estableció que el límite de dosis acumulada de radiación que puede recibir cada miembro de las unidades durante un periodo de actividades debe ser de 1 Sv (el sievert, o Sv, es la unidad de equivalencia de dosis de radiación).
  • Fortalecer la estructura de la Sociedad Nacional para permitir una eventual intervención en caso de emergencia nuclear – Con la participación de, entre otros, médicos y técnicos radiólogos pertenecientes a los hospitales que gestiona la Cruz Roja Japonesa, la Sociedad Nacional ha designado a un grupo de asesores en materia de servicios sanitarios ante una emergencia de índole nuclear que brindará orientaciones, tanto en la oficina central como en las secciones pertinentes, sobre las medidas necesarias para garantizar la seguridad de los agentes de intervención inicial e inmediata en caso de que ocurra una emergencia nuclear.
  • Educar y formar al personal – La educación y la formación del personal es un elemento fundamental. La Cruz Roja Japonesa organiza seminarios prácticos y sesiones de formación, para lo cual utiliza su manual para actividades de socorro en caso de desastre nuclear y sus directrices sobre desastres nucleares, así como el documento de Directrices para Emergencias Nucleares y Radiológicas, publicado por la Federación Internacional, y diferentes recursos de aprendizaje en línea, como la actividad de formación sobre salud pública y preparación para emergencias nucleares, disponible en la plataforma de formación de la Federación Internacional.
  • Asumir la responsabilidad de difundir información – La difusión de información, de experiencias y de enseñanzas extraídas a partir del desastre de Fukushima y demás accidentes nucleares resulta esencial. Así, en octubre de 2013, la Cruz Roja Japonesa puso a disposición los archivos digitales, con miras a cumplir el objetivo de difundir información. El material se encuentra disponible en este enlace y en el sitio web del proyecto de archivos en línea “WARP”, así como en el sitio web del Centro Global de Preparación para Desastres.

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