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Capacitar a las mujeres para que se ganen un sustento

Los cursos de costura de la Media Luna Roja de Kirguistán proporcionan a mujeres como Bazargul una base de ingresos en tiempos difíciles, agravados por el impacto socioeconómico que ha producido la pandemia de covid-19.

Bazargul nunca se imaginó ser costurera. «Cuando era joven, ni siquiera sabía coser mis propios calcetines», dice riendo.

Bazargul tampoco había trabajado nunca fuera de su casa y hasta ahora solo se había dedicado a criar a sus seis hijos. «Todos van a la escuela y es muy difícil mantenerlos».

Ahora, se sienta orgullosa frente a una máquina de coser que compró recientemente con el dinero que ganó en un taller de costura, y sueña con montar su propio negocio de costura con algunos de sus hijos.

Es un cambio drástico para Bazargul y su familia, que, como muchas familias de Bishkek, la capital de Kirguistán, llevan muchos años viviendo con estrecheces. Cuando se declaró el covid-19 en Kirguistán el año pasado, a Bazargul y su familia se les hizo cada vez más difícil llegar a fin de mes.

«La primera pregunta era qué íbamos a comer. Tengo un hermano y a veces tenía que traernos comida».

Los ingresos que gana ahora como costurera en un taller de costura cercano a su casa se suman al salario de su marido que trabaja en una obra de construcción. «Tiene un trabajo muy duro».

Todo empezó un día después de que recibiera la auspiciosa visita de una amiga. «Vio que estaba sentada en casa y no trabajaba», recuerda Bazargul entre risas. «Luego me enteré de que me había inscrito en un curso de costura gratuito, sin consultarme».

La directora de la escuela de costura llamó a Bazargul y la invitó a la escuela, creada por la Media Luna Roja de Kirguistán para ayudar a las mujeres en situación de gran vulnerabilidad, como las madres solteras, las migrantes internas, las personas desempleadas, y las madres con muchos hijos.

Bazargul cosiendo en su casa mientras tres de sus hijos se ríen.

Los centros de costura no son nuevos. La Media Luna Roja de Kirguistán lleva 18 años realizando actividades para impartir cursos de costura a las mujeres vulnerables. Durante el período de covid-19, la Federación Internacional también apoyó esta actividad en el marco de un llamamiento global de emergencia en respuesta a la pandemia,  lo que permitió a la Sociedad Nacional ampliar su oferta e incluso construir un nuevo taller de costura.

Hoy existen varios centros de costura en Bishkek y en otras 7 regiones del país. En solo cuatro meses, entre febrero y mayo de 2021, gracias al llamamiento de la Federación Internacional, se capacitó a 534 mujeres, la mayoría de las cuales están  hoy empleadas y generan ingresos en casa para mantener a sus familias.

Además del curso de costura, las mujeres inscritas también reciben una formación en primeros auxilios, así como sesiones informativas sobre estilos de vida saludables, enfermedades infecciosas –como el covid-19, la tuberculosis y el VIH– así como sobre la donación de sangre y la importancia de vacunar a los niños.

Para Bazargul, los cursos fueron un acontecimiento inesperado que cambió su vida. «Me sorprendió que hubiera cursos gratuitos», dice. «Quise probar y fui. Después del confinamiento, asistí a los cursos durante un mes. Aprendí mucho».

Dirige la escuela Aigul Omurzakova, que también es profesora de costura. «Hay una gran demanda para estos cursos», dice. «Son muy importantes para nuestras participantes porque es una oportunidad para ganarse la vida».

Ingeniera de diseño de profesión, está claro que Aigul es algo más que una instructora de costura para Bazargul y las demás mujeres del lugar. «La acepté como mi propia hermana», dice Bazargul. «Me enseñó y me dio apoyo psicológico. Incluso ahora estoy constantemente en contacto con ella».

En el centro, las mujeres no solo aprenden a coser. Reciben una formación en primeros auxilios y sesiones informativas sobre  estilos de vida saludables, las enfermedades infecciosas –como el covid-19, la tuberculosis y el VIH– así como sobre la donación de sangre y la importancia de vacunar a los niños.

Aigul ha notado un cambio en Bazargul, no solo en cuanto a sus habilidades de costura. «Cuando llegó, era completamente diferente», afirma Aigul. «Parecía un poco temerosa, más tímida».

Participar en los cursos dio a Bazargul la confianza necesaria para buscar su propio trabajo. «En cuanto terminé los cursos, me puse inmediatamente a buscar trabajo. Llamé a un taller cercano y me invitaron a ver mi trabajo y me dijeron que empezara al día siguiente.

«Cosemos ropa de mujer y realmente me dan ganas de confeccionar algo para mis hijos. Espero que mis hijos aprendan a coser para que podamos abrir un gran taller de costura. Quiero lanzarme en este negocio y ahorrar para una  casa nueva», dice en un tono esperanzado.

«Un día mi madre me dijo: ‘Solo tú te puedes ayudar a ti misma, nadie más’. Si hay personas como yo, deberían venir a cursos como este. Resulta que hay gente amable. Si tienes un objetivo en la vida, tienes que esforzarte por alcanzarlo».

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