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Hospital de la Cruz Roja de Hiroshima: por qué no se deben usar armas nucleares nunca más

Al día de hoy, 50 países han ratificado un tratado que prohíbe las armas nucleares, un hito importante que da impulso al movimiento hacia la eliminación definitiva de las armas nucleares.

Hace 75 años un arma nuclear se utilizó por primera vez en una guerra. Lanzada desde un bombardero B-29 estadounidense sobre la ciudad portuaria de Hiroshima, en el oeste de Japón, la bomba borró del mapa casi toda la ciudad. Unas 70.000 personas murieron en un abrir y cerrar de ojos en esa calurosa mañana de agosto de 1945.

Increíblemente, sobrevivieron a la explosión unas pocas decenas de edificios en un radio de cinco kilómetros de la zona cero.

Uno de ellos fue el Hospital de la Cruz Roja de Hiroshima. Situado a un kilómetro y medio del hipocentro de la bomba, el edificio de hormigón armado resultó muy dañado; parte del techo se derrumbó y todas las ventanas volaron en mil pedazos.

En cuestión de horas, miles de personas gravemente quemadas, heridas y enfermas acudieron al lugar.

«Uno de los médicos japoneses me dijo que el día del desastre habían ingresado mil pacientes», escribió entonces el delegado del CICR Marcel Junod en su diario. «Seiscientos habían muerto casi inmediatamente y habían sido enterrados en las inmediaciones del hospital».

A finales de año, el número de muertos había aumentado a 140.000, y muchas víctimas sucumbieron a los efectos de la enfermedad por radiación. Aun así, el hospital logró salvar y cuidar a muchos miles de pacientes a lo largo de los años y hoy es un símbolo del efecto persistente de las armas nucleares.

Secuelas por generaciones

El Hospital de la Cruz Roja de Hiroshima y el Hospital de Sobrevivientes de la Bomba Atómica –como se llama hoy–expone los restos de la estructura destruida por la bomba en el parque conmemorativo del recinto.

Además de atender a los hibakusha, como se conoce a los sobrevivientes de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, el hospital también les ha prestado apoyo psicológico.

“He sabido que la existencia misma del hospital fue para los sobrevivientes un gran consuelo emocional”, asegura el Dr. Yoshinari Furukawa, actual presidente del hospital. “Y espero que siga siendo así”.

A lo largo de los decenios, el Hospital de Sobrevivientes de la Bomba Atómica de Hiroshima y su institución equivalente de Nagasaki, que abrió sus puertas en 1969, han atendido a millones de pacientes hospitalizados y ambulatorios.

Los médicos e investigadores de ambos establecimientos hospitalarios, junto con los expertos de la Fundación para la Investigación de los Efectos de la Radiación de Hiroshima y de otros hospitales de las dos ciudades, han adquirido una enorme cantidad de conocimientos sobre los efectos fisiológicos a largo plazo de la radiación liberada por las armas nucleares.

En los años posteriores a 1945, por ejemplo, comenzaron a aumentar los casos de leucemia y otros tipos de cáncer, incluso en niños pequeños que habían estado expuestos a la radiación.

“Creo que la aterradora experiencia [de la bomba atómica], así como los queloides [cicatrices de quemaduras], supusieron una carga enorme para el desarrollo mental de los niños”, explica Furukawa, de 65 años, que trabaja en el hospital de la Cruz Roja desde 1988.

“Creo que Hiroshima tiene la obligación de educar al mundo sobre los efectos devastadores de una bomba atómica para ayudar a prevenir que una tragedia así vuelva a ocurrir», dice Furukawa.

“También es importante que contribuyamos a la atención médica de las víctimas de la radiación, incluidas las víctimas de los accidentes de centrales nucleares, y que promovamos la cooperación internacional”.

La labor del hospital ha tenido un alcance considerable. Ha permitido establecer pautas relativas a dosis de radiación seguras para las industrias, como la nuclear, lo cual fue crucial durante la crisis de Fukushima en 2011, cuando una planta de energía nuclear en el noreste de Japón recibió el embate de un tsunami desencadenado por un terremoto. El hospital envió seis médicos y nueve técnicos en radiología a la prefectura para asesorar a los equipos de asistencia médica de la Cruz Roja Japonesa.

(Izquierda) el Dr. Yoshinari Furukawa, presidente del Hospital de la Cruz Roja de Hiroshima y de Sobrevivientes de la Bomba Atómica. (Derecha) el hospital actualmente. | Fotografía: Cruz Roja Japonesa

“Una destrucción catastrófica”

Furukawa espera que el legado del hospital contribuya al creciente movimiento en favor de la completa eliminación de las armas nucleares. Habiendo tratado a las víctimas del primer ataque nuclear del mundo durante más de 30 años, Furukawa no tiene dudas sobre la necesidad de prohibir las armas con tal poder de destrucción masiva y de largo plazo.

“La humanidad ha cometido muchos errores en el pasado, pero creo que uno de los mayores fue el empleo de las armas atómicas”, asegura.

Hoy en día, hay más de 13.000 armas nucleares en el mundo y son mucho más poderosas que la bomba que cayó sobre Hiroshima. Cualquier uso moderno de esas armas, observa Furukawa, sería catastrófico.

“Espero que la gente en todo el mundo pueda darse cuenta de la inhumanidad de las armas nucleares y aprender las lecciones de [Hiroshima y Nagasaki]. Pero esto no es fácil. Creo que primero tenemos que reconocer la importancia de entender y respetar a los demás para eliminar los conflictos que en última instancia pueden conducir al uso de armas nucleares”.

“Espero que una mayoría del mundo comprenda la inhumanidad del uso de las armas nucleares y que veamos su eliminación en el futuro. Por eso debemos seguir compartiendo lo que ocurrió en Hiroshima”. Dr Yoshinari Furukawa, presidente del Hospital de la Cruz Roja de Hiroshima y del Hospital de Sobrevivientes de la Bomba Atómica.

Un avance enorme hacia la prohibición

Hoy, el mundo dio un paso significativo en esa dirección. El Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares prohibirá completamente dichas armas y, hasta ahora, lo han firmado 84 países.

Pero para entrar en vigor, 50 de esos países firmantes deben ratificarlo, un hito que se anunciará hoy (24/10/2020), así se espera, durante una sesión especial de signatarios en la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.

Pero sin la participación de los Estados que poseen armas nucleares, es poco probable que en un futuro próximo se registre una reducción significativa de los arsenales nucleares existentes. Sin embargo, el anuncio de hoy significa que el tratado será vinculante para los países signatarios en un plazo de 90 días y añade un impulso considerable a los esfuerzos tendentes a persuadir a que más países lo firmen y lo ratifiquen.

La noticia será una enorme satisfacción para mucho, como Reiko Yamada, de 86 años, uno de los muchos sobrevivientes de la bomba atómica de Hiroshima que han estado promoviendo el tratado sobre prohibición durante muchos años y que habló con Cruz Roja Media Luna Roja sobre su experiencia y el tratado durante una entrevista que se le realizó a mediados de este año.

“Durante los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, murieron tantas personas de forma indiscriminada y ciudades enteras quedaron completamente destruidas”, dice Yamada, que tenía 11 años cuando cayó la primera bomba atómica sobre Hiroshima hace 75 años. «Las armas nucleares actuales, que son mucho más poderosas, tienen la capacidad de acabar con cualquier tipo de futuro para la vida humana y el planeta”.

Furukawa coincide en que es fundamental la campaña para prohibir las armas nucleares dado el poder que tienen hoy estas armas en comparación con las bombas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki hace 75 años.

“Si se utilizara un arma nuclear estratégica en Hiroshima hoy en día, no cabe duda de que causaría una destrucción catastrófica en una extensa zona de la ciudad y más allá”, explica. «Habría millones de muertes. Si se empleara una en Tokio, decenas de millones de personas se verían afectadas en toda la región circundante de Kanto”.

«Espero que una mayoría del mundo comprenda la inhumanidad del uso de las armas nucleares y que veamos su eliminación en el futuro. Por eso debemos seguir compartiendo lo que ocurrió en Hiroshima”, concluye.

Reiko Yamada (tercera de izquierda a derecha, en un vestido blanco) tenía 11 años cuando la primera bomba atómica devastó su hogar en la ciudad de Hiroshima en Japón. | Fotorafía de Reiko en la actualidad: Nick Jones

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